Os comparto un artículo para el que he colaborado, que ha sido publicado en elDiario.es, sobre el sentimiento de soledad, pese a estar rodeados de personas.
– Solemos pensar en la soledad con la falta de contacto humano. Pero también se puede sentir soledad incluso estando rodeado de gente. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué hace que una persona se sienta sola, aunque no lo esté?
Este tipo de soledad aparece cuando, aunque haya personas alrededor, la percepción es de que existe una distancia emocional o una desconexión con los demás, es decir, depende de cómo nos sentimos en relación con los demás y con nosotros mismos. Estar acompañado no siempre garantiza sentirse comprendido, validado o escuchado. Muchas veces compartimos espacios (trabajo, casa), pero no vivencias internas o vínculos profundos. Esto es debido a que la rutina, las prisas o las relaciones superficiales dificultan la intimidad. También influye la sensación de no poder mostrarse de forma natural o genuina. Cuando falta esa sintonía emocional surge una sensación interna de vacío y ahí es cuando la presencia de otras personas no logra llenar ese hueco.
Sentirse solo tiene más que ver con cómo se vive el vínculo, que con el número de personas cercanas. La falta de reciprocidad emocional, de interés genuino o de apoyo puede generar sensación interna de aislamiento con los demás. A veces, también la persona puede sentir que ocupa un lugar secundario en la vida de los demás, es decir, que no se es prioridad y, por tanto, las expectativas de lo que espera de las relaciones terminan distando mucho de lo que realmente recibe de las personas. Del mismo modo influye la desconexión con uno mismo, la dificultad para expresar lo que se siente o pensar en tener que encajar, adaptándonos en exceso y no pudiendo mostrarnos tal como somos. Por último, las experiencias previas de rechazo, de incomprensión o de falta de disponibilidad afectiva en la infancia (apegos inseguros y vínculos inconsistentes), así como momentos vitales de crisis existenciales o de cambios importantes pueden intensificar también esta vivencia personal. Así, la soledad se instala incluso en compañía física.
– ¿Cómo afecta este sentimiento de soledad a una persona? ¿Sentirse solo es un síntoma de depresión?
El sentimiento percibido de soledad sostenido puede generar un desgaste emocional importante. Afecta al estado de ánimo, disminuye la motivación y puede hacer que la persona se sienta invisible o poco valiosa, pudiendo llegar a pensar “si desapareciese, no pasaría nada”. Con el tiempo, puede aumentar los pensamientos negativos rumiativos, la ansiedad y la autocrítica destructiva, favoreciendo la tendencia al aislamiento social. También influye en la seguridad de la persona, mermando su autoestima y su forma de relacionarse, ya que puede aparecer miedo al rechazo o a no ser suficiente, lo que acaba minando también la asertividad de la persona. En algunos casos, repercute negativamente en el sueño y el apetito, generando fatiga o cansancio físico y mental.
Sentirse solo no implica necesariamente estar deprimido, ya que para poder diagnosticar un trastorno depresivo mayor se deben cumplir una serie de criterios diagnósticos clínicos entre los cuales no se cita dicho síntoma, pero puede ser un factor de riesgo y/o correlacionar. El sentimiento de soledad emocional prolongado puede preceder a la depresión o acompañarla, especialmente cuando se vive con desesperanza. En la depresión, la soledad suele ir unida a pérdida de interés, apatía y sensación de desconexión general. No obstante, hay personas que se sienten solas sin cumplir criterios depresivos. La clave está en la intensidad, la duración y el impacto en la vida de la persona, es decir, es necesario ver cómo interfiere en su día a día (si hace que el sujeto no pueda funcionar bien en su vida). Por ello, es importante no minimizar este sentimiento.
3.- ¿Qué podemos hacer para vencer y superar este sentimiento de soledad?
El primer paso es reconocer dicha percepción de soledad como una señal de que algo no va bien y necesita ser revisado, sin juzgarla ni intentar taparla rápidamente de cualquier forma. Conectar o hacer introspección con uno mismo, entender qué se necesita emocionalmente y permitirse pedir apoyo es fundamental. No se trata de cantidad, de tener más relaciones, sino de buscar vínculos más auténticos y significativos. También ayuda cuidar la relación con uno mismo, desarrollar intereses propios y tener espacios de disfrute personal y de autocuidado. Asimismo, es necesario revisar patrones relacionales que mantienen el aislamiento y realizar un trabajo psicoterapéutico. Cuando la soledad se vuelve intensa o persistente, en numerosas ocasiones, el trabajo con un profesional de la salud mental suele estar aconsejado.
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